La Bilora Boy de 1950: Una joya de la fotografía vintage.
Si coleccionas cámaras antiguas, seguramente oíste hablar de la Bilora Boy, esta cámara lanzada en las navidades de 1949, se convirtió en todo un éxito gracias a sus características innovadoras y su encanto vintage, en este informe, te invito a descubrir más sobre este icónico modelo y su historia fascinante.
La marca Bilora es conocida por los productos fabricados por Kürbi & Niggeloh, una empresa alemana fundada en 1909 por Wilhelm Kürbi y Carl Niggeloh.
Inicialmente, la compañía se dedicaba a la fabricación de diversos productos metálicos, fue en 1935 cuando incursionaron en la producción de cámaras, lanzando al mercado la "Bilora Box", una cámara sencilla en forma de caja metálica que utilizaba película de 6x9 cm, desde sus comienzos, las cámaras Bilora se destacaron por su calidad de fabricación y precios asequibles, lo que las convirtió en populares cámaras de cajón.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la producción de cámaras se vio interrumpida, pero se reanudó en 1949 con el relanzamiento de la Bilora Box, esta vez con algunas modificaciones, a partir de 1950, la compañía presentó una nueva generación de cámaras de cajón de metal, con mejoras en el disparador y un diseño más acorde a la época, aunque desde ese mismo año comenzaron a explorar el uso de la baquelita, un material plástico, en la fabricación de cámaras, así nació la exitosa serie "Bilora Boy", destinada al público infantil y juvenil, estas cámaras, basadas en el uso de película de 127, se caracterizaban por su sencillez y su atractivo diseño, la segunda generación de las "Boy" se fabricó a partir de 1955, esta vez utilizando película de 120, pero no alcanzó el mismo éxito que la versión original y la producción cesó poco después.
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La Bilora Boy pertenece a la categoría de cámaras "baby" debido a su pequeño tamaño, está fabricada completamente de baquelita, un material plástico popular en esa época y su carcasa fue producida por la reconocida industria Bierstelfeld & Stolting.
Aunque se trataba de una cámara de cajón, como muchas otras de su tiempo, la Bilora Boy presentaba algunas novedades que la diferenciaban y contribuían a su éxito, una de las características distintivas de la cámara era su forma, fabricada con moldes tenía líneas redondeadas que le daban un aspecto moderno y elegante, algo poco común en la mayoría de las cámaras de esa época.
Otra innovación notable era la presencia de un visor óptico a nivel del ojo, en lugar de ubicarse en la parte superior, lo que le proporcionaba un estilo más vanguardista.
En cuanto a sus especificaciones técnicas, la Bilora Boy contaba con una lente de menisco simple y una velocidad de disparo única de aproximadamente 1/30 segundos, además de un selector de apertura continua, la distancia de enfoque iba desde 1,5 metros hasta infinito, aunque la lente solo ofrecía una apertura fija, utilizaba rollo de 127 para el formato de imagen de 6 x 4,5 cm.
Utilizaba formato de película, tipo 127, que permitían obtener fotografías en un formato de imagen de 4x6,5 cm, la carga del rollo se realizaba a través de una rueda similar a la de su prima, la Bilora Bella, además, la cámara contaba con una rosca en la parte inferior para trípode, lo que facilitaba la estabilidad al tomar fotografías en condiciones específicas.
La popularidad de la Bilora Boy fue tal que, en 1950, la empresa lanzó una versión en cuerpo granate, (la que yo tengo) que también presentaba una lente recubierta, esta variante llevaba las letras en blanco grabadas en lugar de estar en relieve, a partir de 1952, se incorporó la posibilidad de enfocar el objetivo mediante un aro, lo cual mejoró aún más su versatilidad.
En 1955, se lanzó un tercer modelo de la Bilora Boy, esta vez con rollo de 120 y un formato de imagen de 6 x 6 cm, esta versión más grande presentaba un frontal con una franja dorada y detalles en el mismo color, en lugar de llevar el nombre en relieve, lo llevaba impreso en la franja. El visor era más grande y cuadrado, y la correa era más larga y de plástico beige, que salía de la parte del visor en lugar del cuerpo, aunque este modelo no alcanzó el mismo éxito que su predecesora, sigue siendo una pieza codiciada por los coleccionistas, su producción se extendió hasta 1960.
Posteriormente, la licencia de producción de la Bilora Boy se vendió a otras marcas, y en este caso, la conocida casa americana Sears continuó vendiéndola bajo su propia marca "Tower", este hecho demuestra el impacto duradero y la relevancia de este modelo en la historia de la fotografía.
Esa es la historia del modelo "Boy" aunque la marca siguio produciendo otros modelos como la serie "Bella", que se mantuvo en el mercado hasta mediados de los años 60.
A lo largo de su historia, Bilora celebró varios hitos, como la producción de su aparato un millón a fines de los años 50, en julio de 1961, la empresa adoptó nuevas tecnologías al instalar las primeras máquinas de inyección de plástico, lo que supuso un cambio significativo en la fabricación de sus cámaras, dejando de lado el metal y la baquelita como materiales principales.
En los años siguientes, continuaron fabricando cámaras bajo su propia marca y también para otras marcas reconocidas, entre los modelos destacados se encuentran las cámaras "Ikomatic" fabricadas para Zeiss Ikon, las cuales utilizaban cartuchos de película de 126, también se produjeron las cámaras "Bellina", compactas similares a las Kodak Instamatic, que seguían utilizando película de 127.
Lamentablemente, en 1975, Bilora cesó la producción de cámaras fotográficas, sin embargo, la empresa encontró un nuevo enfoque en la fabricación de diversos elementos relacionados con la fotografía, principalmente trípodes y flashes, en 1978, se trasladaron a una nueva planta de 12.000 m² en Radevormwald, donde continúan produciendo estos accesorios hasta el día de hoy.
La historia de Bilora y su legado en el mundo de la fotografía nos demuestran cómo una pequeña empresa alemana supo dejar su huella en el mercado con cámaras de alta calidad y diseños atractivos, la Bilora Boy, en particular, es una muestra de la belleza y la elegancia de las cámaras antiguas, y su valor como objeto de colección sigue en alza.













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